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 PREGHIERIA M.I. 


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Intenciones 2019

Con la Inmaculada, en el corazón de la Iglesia
Fiel a su vocación y a la enseñanza de San Maximiliano Kolbe, la M.I., profundamente unida a la Inmaculada, se coloca en el corazón de la Iglesia, apoyándola con oración y obras. La expresión "corazón de la Iglesia" pertenece a Santa Teresita de Lisiex, una santa muy considerada por el mártir de la caridad.


ENERO
Que la Iglesia siempre y en todas partes sea portadora de paz y esperanza.

FEBRERO
Para que la Iglesia sostenga la actividad de los misioneros con oración incesante.

MARZO
Para que el Santo Padre sienta siempre el apoyo de toda la Iglesia que ora por su ministerio.

ABRIL
Que la Iglesia, en todos sus componentes, sea testigo del Señor Resucitado.

MAYO
Para que la confianza en María done a los cristianos motivaciones y fortaleza para sostener a la Iglesia.

JUNIO
Que todo el pueblo de Dios se sienta involucrada en la obra misionera y caritativa de la Iglesia.

JULIO
Para que el amor de los creyentes supera cada división y discordia.

AGOSTO
Que el martirio y la entrega de San Maximiliano donen fuerza y luz a las Iglesias perseguidas.

SEPTIEMBRE
Que la Iglesia sea luz para la humanidad que deambula en las tiniebla.

OCTUBRE
Que la Iglesia renueve y refuerce su impulso misionero.

NOVIEMBRE
Que la Inmaculada sea para cada creyente modelo de escucha y caridad.

DICIEMBRE
Para que la reflexión sobre la Natividad renueva el corazón de cada fiel.

ENERO
Para que siempre y en todo lugar, la Iglesia sea portadora de paz y esperanza.
“En paz con Dios” (Rm 5, 1).

El Apóstol Pablo nos recuerda que el cristiano vive en una nueva condición, como uno que ha sido “justificado por la fe y en paz con Dios” (Rm 5, 1) por medio del sacrificio de Jesús en la Cruz. Este es un acto de absoluta gratuidad por parte de Dios para con el pecador. En una sociedad donde se habla mucho de inversión de alto y bajo costo, el amor de Dios que se revela en Jesús como gracia, como don, como regalo, es una invitación a la reflexión y al cambio de comportamiento y actitudes. También la donación de cada uno de nosotros, milicianos, en la Milicia de la Inmaculada es obra de la gracia de Dios. Pablo dirige a los Romanos sus deseos que podrían servir como una tarjeta de felicitaciones de año nuevo para el mundo: “El Dios de la esperanza los colme de alegría y paz en la fe, para que la esperanza sobreabunde en ustedes por obra del Espíritu Santo” (Rm 15, 13). En un mundo de muros, de puertas y corazones cerrados, de fake news y escazas buenas noticias, el Dios de la esperanza desea encender su fuego en nosotros y hacernos arder para que podamos ser, como Iglesia, siempre y en todos lados portadores de paz y esperanza. San Maximiliano Kolbe a desarrollado su misión con una atenta mirada al momento presente, con las angustias y las esperanzas de la primera mitad del breve siglo XX, y con el corazón anclado en la certeza de la presencia de María. Él no se dejaba derrotar, la enfermedad y los contratiempos no eran un límite para su misión. Imagina si Padre Kolbe se hubiera dejado intimidar, si hubiese dejado debilitarse su esperanza: la gracia de Dios en la vida de San Maximiliano no ha sido vana, pues era María quien la sostenía. “Queridos Hijos, cuánto desearía decirles, repetirles cuánto es buena la Inmaculada, para poder alejar para siempre la tristeza de sus pequeños corazones, el abatimiento interior y el desaliento” (Escritos de San Maximiliano 509). Esta frase pertenece a una carta que San Maximiliano escribió a sus hermanos que se encontraban en Nagasaki mientras él estaba en Hong Kong, durante un viaje de regreso en Polonia con ocasión del Capítulo Provincial. San Maximiliano es un hombre lleno de energía misionera y al mismo tiempo probado por las amarguras y precariedades en los inicios de su ardua misión, pero en su corazón está un nombre que le trae paz, como él mismo lo afirma en su texto: “¡La sola invocación de María, a lo mejor mientras el alma se encuentra sumida en las tinieblas, en la aridez e incluso en la desgracia del pecado, produce un eco en Su Corazón que tantos nos ama!”. María, más que un nombre, es un refugio para las personas y la sociedad que tanto sufren, según cuanto escribe: “Cuánto más infeliz está el alma, abatida por sus culpas, más la rodea, este refugio de nosotros pobres pecadores, de amorosa y solícita protección”. “Sin combate la victoria es imposible, y sin victoria no podemos obtener la corona, no tendremos recompensa. Po esto, de ahora en adelante, estén preparados para todo” (Escritos de San Maximiliano 101), nos enseña Padre Kolbe. Que en este nuevo año podamos estar siempre dispuestos a superar todos los desafíos con la Inmaculada, como Iglesia, “portadores de buenas noticias para la humanidad, no profetas de desventuras” (30), como indica el Documento de Aparecida.

FEBRERO
Para que la Iglesia sostenga con su oración incesante la actividad de los misioneros.
“El Señor de la mies” (Lc 10, 2).

En el Evangelio según san Lucas, la misión de los 72 discípulos alude a la cantidad de naciones paganas descritas en Génesis 10. En el envío de estos discípulos encontramos la precisa indicación del Maestro para ir por “todas las ciudades y lugares” (Lc 10, 1), indicando así que la misión de la Iglesia es justamente la de ser signo del Reino de Dios en todos los ambientes, en todos los lugares y también en las “periferias existenciales” mencionadas por el Papa Francisco. En el Evangelio, Jesús aclara la finalidad y el origen de la misión, informa sobre la responsabilidad de los enviados y quiénes sean los destinatarios. Jesús deja claro que la misión no es fruto de decisiones o esfuerzos meramente humanos. El responsable de la misión es Dios, el “Señor de la mies”. A él corresponde la salvación, por esto suscita anunciadores de Su Reino. El misionero debe siempre estar sereno y ser valiente, y confiar en Aquel que lo envía. La actividad misionera no es un palco iluminado para que el discípulo sea puesto en evidencia. Lo más importante es la Palabra que anuncia, porque ésta cura y salva. San Maximiliano Kolbe sabía que su misión no era solamente la de una actividad organizativa. Él estaba consciente que debía vivirla en obediencia a Dios, en comunión con la Iglesia y dentro de la Orden Franciscana. En el 1932, Padre Kolbe escribió una carta llena de emoción mientras viajaba en tren, según leemos: “Es un sábado de mayo. ‘Kyuko’, un tren directo, me está llevando en dirección de la ciudad de Kobe, donde llegaré mañana por la mañana. ¿Con qué finalidad? Para obtener la visa y adquirir un boleto para la India. ¿Y porqué hasta allá? El Reverendísimo Padre Provincial Cornelio Czupryk me ha respondido, entonces así lo quiere la Inmaculada, que a la llegada de Padre Constanzo sería posible echar un vistazo para otra Niepokalanów. En estos momentos él ha llegado ya con otros tres hermanos de la Niepokalanów polaca; entonces, ya ha llegado el tiempo” (Escritos de San Maximiliano 426). Kolbe sabía que su hora había llegado en contexto de la misión japonesa y que todavía había mucho por hacer en Asia. Él no partió como un hombre bueno en estrategias solamente, sino como un auténtico misionero, el cual sabe que “la Inmaculada realiza dulcemente, pero también con fuerza, Su obra. En un principio tantas y tantas dificultades nos obstaculizaban el camino, llegando a creer alguna vez que toda actividad fuese en vano. Pero la Inmaculada cambió todo esto en un bien mayor y así lo hace continuamente” (Escritos de San Maximiliano 465). Sabiendo que la Inmaculada nos conduce por este mundo, la Milicia de la Inmaculada está llamada a militar por todos los rincones del mundo. A este impulso misionero de San Maximiliano debemos agregar la invitación del Papa Francisco para una Iglesia en salida. “En este ‘vayan’ de Jesús, están presentes los escenarios y desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, siendo hoy todos llamados a esta nueva “salida” misionera’, escribe el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium. El Pontífice habla también de la responsabilidad en definir los caminos de la misión. “Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál sea el camino que el Señor pide, pero todos estamos llamados a aceptar esta llamada: salir de la propia comodidad y tener el valor de alcanzar todas las periferias que necesitan la Luz del Evangelio” (20). Los misioneros que están presentes en todo el mundo y los milicianos que se dedican a la santificación personal en diversos ambientes, necesitan de la oración de toda la comunidad para discernir los caminos de esta “Iglesia en salida”. Las manos que se abren hacia los demás en la misión, se unen a las manos que se elevan en oración hacia el corazón de Dios, el Señor de la mies, nuestro Padre.

MARZO
Para que el Santo Padre se sienta siempre sostenido por toda la Iglesia que ora por su ministerio.
“Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16, 18).

A veces puede parecer que en el Evangelio de Mateo se exalte la figura de Pedro. Pero, en verdad, el Evangelio presenta la solidez de la fe de una persona que ha encontrado en Jesús al “Mesías, Hijo del Dios vivo” (Mt 18, 16). Pedro no representa a un hombre que ha recibido poderes y llaves de oro de manos de Jesús. Es un pescador que ha recibido una misión y se ha vuelto un “pescador de hombres” y, por su fe, ha recibido también un signo de las llaves que revelan el vínculo con el Reino de Dios. La fe de Pedro no es repetición de fórmulas, sino una revelación de su experiencia con Jesús. Pedro no creía solamente que Jesús es también Dios, sino que veía toda la misión realizada por Jesús reconociéndolo como el Hijo enviado. San Maximiliano Kolbe, hijo de su tiempo, nutría un grande amor hacia el Papa y lo defendía contra los distintos ataques que sufría. El parteaguas de su obra ha sido la de fundar la Milicia de la Inmaculada después de haber visto los ataques en contra del Papa, en la plaza de San Pedro, en el 1917. Durante aquel período había muchas publicaciones en contra de la Iglesia, que se distribuían en las estaciones de los trenes y se difundían en las universidades. Para combatir a estos opositores de la Iglesia, Padre Kolbe se esforzó en difundir publicaciones impresas capaces de penetrar en estos ambientes y en las familias, sobre todo. En la conclusión de una de sus cartas, San Maximiliano escribió: “estén bien preparados para el combate contra los enemigos de Dios, de la Inmaculada, de la Iglesia, del Papa y de todas las almas”. La Iglesia y el Papa no son solamente una institución y una persona. Ambos representan a Cristo y a la fe de la comunidad cristiana. Hoy, ¿quiénes son los enemigos de la fe? ¿Quiénes son los adversarios del Papa? ¿Cuáles son las actitudes contrarias al cristianismo? A lo mejor lo son la indiferencia, la autorreferencia, el relativismo; líderes políticos, sistemas financieros y estructuras injustas también; barreras contra los valores cristianos en las familias, en las relaciones y en los ambientes que frecuentamos son todas ellas similares a los desafíos que Kolbe afrontó en su tiempo. El Papa Francisco constantemente pide oraciones a los fieles porque sabe que su ministerio es un servicio dentro de la gran comunidad de fe que es la Iglesia. Francisco afirma: “Desde el momento que he sido llamado a vivir lo que pido a los demás, debo también pensar en una conversión del papado. Como Obispo de Roma, me toca permanecer abierto a las sugerencias orientadas a un ejercicio de mi ministerio que lo haga más fiel al significado que Jesucristo entendió darle y a las necesidades actuales de la evangelización” (Evangelii Gaudium 32). El Papa ha iniciado una reforma de la Iglesia por donde era posible hacerlo, es decir, a partir de su persona. También nosotros, milicianos, debemos cambiar, mejorar la Milicia de la Inmaculada a partir de nosotros mismos. Orar por el Papa es una muestra de fe en Cristo. En el texto conclusivo de la quinta Asamblea General del Episcopado Latinoamericano y Caribeño, llevada a cabo en Brasil en el 2017, los obispos han subrayado que “el amor al Papa y a los demás pastores, el amor a la Iglesia universal como la gran familia de Dios, no puede dejar nunca solos o en la miseria a sus propios hijos” (Documento de Aparecida 207).

ABRIL
Para que la Iglesia testimonie al Resucitado en cada uno de sus miembros.
“Ha llegado el tiempo de cantares” (Ct 2, 12).

La Milicia de la Inmaculada está presente en todo el mundo. Como un reino en donde el sol no conoce ocaso, los milicianos recorren el mundo ofreciendo de su propia vida a la Inmaculada y comprometiéndose con el Reino de Dios. En este mundo, cuando en la Ciudad de la Inmaculada polaca es primavera, por ejemplo, en aquella filipina es otoño. Pero, en todas las Ciudades de la Inmaculada y en el corazón de cada miliciano, en esto mes, se celebra la Pascua, manifestación de la vida y la alegría. En 1938, San Maximiliano Kolbe grabó su experiencia pascual con estas palabras: “Es primavera. Brotan las hojas, y en la estatua de la Inmaculada, el durazno está todo en flor. En medio de esta atmósfera escuchamos los cantos jubilosos de la solemnidad de Pascua, la cual constituye, según las palabras de San Pablo, el fundamento de nuestra fe en Jesús (1Cor 15, 14-25).” (Escritos de San Maximiliano 1230). En el libro del Cantar de los Cantares, en forma poética se presenta el cambio de estación y la abundancia que le sigue. “Porque ya pasó el invierno, cesaron y se fueron las lluvias. Aparecieron las flores sobre la tierra, llegó el tiempo de las canciones, y se oye en nuestra tierra el arrullo de la tórtola. La higuera dio sus primeros frutos y las viñas en flor exhalan su perfume. ¡Levántate, amada mía, y ven, hermosa mía! (Ct 2, 11-13). Podemos preguntarnos cómo es la imagen de la Virgen en nuestras Ciudades de la Inmaculada durante este período de Pascua. ¿Adornada de flores en las tierras donde es primavera? ¿De cantos y frutos? ¿de niños y jóvenes? ¿de peregrinos? ¿de fieles que comienzan el itinerario de los primeros cinco sábados del mes? ¿de personas afligidas? ¿de gente necesitada? ¿cuáles son aquellos rostros sufrientes que podríamos acercar a la figura de María para que sea Pascua en sus corazones? Muchas personas pueden esperar el final del invierno con la Milicia de la Inmaculada. Ella puede ser un refugio donde esperar que la tempestad pase. Los jardines de la inmaculada pueden ser el único lugar en el cual muchas personas puedan todavía ver flores y signos de esperanza. El Documento de Aparecida dice que los discípulos y misioneros están llamados “a contemplar, en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo que nos llama a servirlo en ellos”. Según los obispos del continente Latinoamericano y del Caribe, estos rostros “desafían el núcleo de trabajo de la Iglesia, de la pastoral y de nuestras actitudes cristianas. Todo lo que tiene relación con Cristo tiene relación con los pobres, y todo lo que está relacionado con los pobres invoca a Jesucristo” (30). “Cada vez que hicieron estas cosas a uno solo de estos hermanos míos más pequeños, a mí lo hicieron” (Mt 25, 40), dijo Jesús, y el Documento de Aparecida presenta como destinatarios de la acción misionera de la Iglesia a “los rostros sufrientes que sufren en nosotros”, sobre todo, las personas que viven en las calles de las grandes ciudades, los migrantes, los enfermos, los tóxico-dependientes y los presos. Para San Maximiliano Kolbe la fe en la resurrección se manifestaba a través de los signos. En el campo de concentración él, como Cristo, se vació de sí mismo, ha dado la vida por otra persona y ha dado vida también a los que estaban cerca de él. Tenía consigo lso cantos primaverales del convento y supo incluso susurrarlos en el bunker, volviéndose signo elocuente de la resurrección de Jesús donando esperanza a los condenados.

MAYO
Para que la consagración a María done a los cristianos la motivación y la fuerza para sostener a la Iglesia.
“Cúmplase en mí su palabra” (Lc 1, 38).

María ha sido elegida para ser la Madre de Jesús y representa también la comunidad de la nueva alianza. Ella responde a la invitación de Dios con una total donación de sí misma. La respuesta de María indica un acto de disponibilidad, de aceptación de obediencia y, sobre todo, de fe y confianza en Dios. Sólo quien se confía plenamente a Dios, le da el “sí” decidido de la alianza. María ha respondido con firmeza y con un verbo en tiempo presente. Ella se abre a la acción divina ya sus consecuencias. Este consentimiento de María, para la tradición, es una respuesta que ella da en nombre de la humanidad. Por esto, nosotros milicianos debemos pronunciar nuestra respuesta firme y total a Dios para vivir, con María, en la dinámica del Reino. La voz determinada de María sostiene nuestras voces que, a veces, son frágiles en su respuesta al plan de Dios. San Maximiliano Kolbe veía en la consagración a la Inmaculada un sustento para una total donación a Dios. “Consagrarse totalmente con una ilimitada confianza en las manos de la Misericordia Divina, de la cual la Inmaculada, por voluntad de Dios, es la personificación. No confiar de ninguna manera en sí mismos, sino tener miedo de sí mismos, pero confiarse a Ella sin ninguna limitación y dirigirse hacia Ella, como un niño con su mamá, cada vez que uno se sienta empujado al mal, y de ninguna manera se caerá” (Escritos de San Maximiliano 1100). Así como la Anunciación del Ángel ha sido un gesto de amor de parte de Dios a toda la humanidad, así también la consagración a la Inmaculada se realiza en el horizonte de todos. “Deseo conquistar el mayor número posible de almas para la Inmaculada, porque esta es nuestra vida, nuestro respirar, cada latido de nuestro corazón: consagrarnos a la Inmaculada siempre más, ilimitadamente, incondicionalmente, irrevocablemente, e inculcar esta donación de sí mismos en el corazón de todos, en toda la tierra, para que Ella pueda dirigir libremente nuestros corazones y los corazones de todos aquellos que viven en el mundo entero” (Escritos de San Maximiliano 326). La encarnación de Jesús se ha llevado a cabo en la simplicidad y en la humildad, pero esto no es una gracia que deba permanecer escondida en el mundo. María, a través de su “sí”, ha abierto al mundo las puertas de la salvación. Nosotros, que pertenecemos a la Inmaculada, queremos también llevar otros, el mundo entero es nuestro objetivo; cada hombre y mujer, un hermano al cual tender la mano. El Papa Francisco orienta a los fieles a la escucha de la voz de Dios y al compromiso en la misión que el Espíritu Santo suscita en nosotros. En la exhortación apostólica Gaudete et Exultate, el Pontífice afirma: “También tú tienes necesidad de concebir la totalidad de tu vida como una misión. Haz la prueba escuchando a Dios en la oración y reconociendo los signos que Él te ofrece. Pídele siempre al Espíritu qué es lo que Jesús se espera de ti en cada momento de tu existencia y en cada decisión que debes tomar, para discernir el lugar que esto ocupa en tu misión. Y permítele plasmar en ti aquel misterio personal que pueda reflejar a Jesucristo en el mundo de hoy” (23). Que la consagración a la Inmaculada sea nuestro proyecto de vida, nuestro modo de adhesión al Reino de Dios, nuestra forma de decir “sí” a Dios con vigor siempre y donde sea.

JUNIO
Para que todo el pueblo de Dios se sienta involucrado en la obra misionera y caritativa de la Iglesia.
“Vayan y enseñen a todas las naciones” (Mt 28, 19).

El Evangelio de Mateo se concluye con la escena del envío de los discípulos. Los amigos de Jesús fueron con Él a Jerusalén, en la grande ciudad, donde Jesús murió y resucitó. Después regresaron al lugar donde había iniciado toda la aventura de la predicación de Jesús, en Galilea. Diversamente de las otras narraciones del encuentro con Jesús resucitado, nadie lo duda, la certeza de su presencia y proximidad es tan grande que la misión se presenta como camino natural del discípulo fiel. En el Capítulo 10 de Mate, la misión se dirige a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Ya en el capítulo 28 se muestra una apertura hacia la misión universal, para todos. Este anuncio de Jesús, en un cierto sentido, es el constituirse de la Iglesia: comunidad de discípulos y misioneros Suyos. Mirando nuestro mundo y contemplando el envío de Jesús, debemos también cuestionarnos. Si Jesús ha enviado sus discípulos a todos los pueblos, ¿a qué pueblos nosotros somos enviados? Jesús está con nosotros y nos hace fuertes en la misión, pero ¿cómo nos presentamos ante los pueblos en guerra? ¿Cómo ser misioneros en los pueblos donde Jesús no se conoce y donde todos son indiferentes a todo lo relacionado con la fe? ¿Cómo estar presentes entre los “pueblos del hambre” y los “pueblos de la opulencia”, así llamados por el Papa Pablo VI? Tenemos una misión de amor. La caridad de la Iglesia no es solamente una ayuda a los necesitados, sino un testimonio de caridad y solidaridad para el mundo dividido. Decía San Maximiliano Kolbe: “El odio divide, separa y destruye, mientras que al contrario el amor une, da paz y edifica. No tiene nada de extraño, entonces, que sólo el amor logre volver perfectos a los hombres. Por ello, solamente aquella religión que enseña el amor a Dios y al prójimo puede perfeccionar a los hombres. La religión de Jesucristo es realmente esta religión del amor, del amor perfecto, lo cual es evidente en las santas palabras de Jesucristo” (Escritos de San Maximiliano 1205). Que la evidencia de las palabras y gestos de Jesús también sea evidente en los gestos de amor de los cristianos. “Mirando a nuestro alrededor y viendo por todas partes tanto mal, nosotros quisiéramos sinceramente ofrecer un refugio de este mal, conducir a los hombres hacia el Sacratísimo Corazón de Jesús a través de la Inmaculada” (Escritos de San Maximiliano 1160). La Milicia de la Inmaculada es misionera y difunde el testimonio de amor de su fundador en diversos ambientes. Quisiera sólo recordar que, no obstante cuente con la adhesión de cientos de sacerdotes, frailes y religiosos, nuestra asociación está formada sobre todo por laicos. La acción de los milicianos en diversos campos de la sociedad constituye un cumplimiento del mandato misionero de Jesús. En el 1968, la Conferencia del Episcopado Latinoamericano celebrada en Medellín, Colombia, ha recordado que: “El pueblo de Dios está constituido en su mayoría por fieles laicos. Ellos reciben la llamada de Cristo como Iglesia, agentes y destinatarios de la Buena Noticia de la Salvación, para cumplir en el mundo, viña de Dios, una tarea evangelizadora indispensable. E ellos se dirigen hoy las palabras del Señor ‘Vayan también ustedes a mi viña’ (Mt 20, 3-4), y también: ‘Vayan por todo el mundo, proclamen el Evangelio a toda criatura’ (Mc 16, 15)” (Documento de Medellín 94). En la viña del Señor, muchos obreros son desconocidos, ni muchos gestos de solidaridad son contados a causa de la gran gratuidad. La misión se extiende a todo el mundo, por todos los rincones del mundo y situaciones de la sociedad gracias a las manos y a los corazones de los milicianos laicos que, con atenta escucha de discípulo, comprenden el envío de Jesús y están seguros de su presencia.

JULIO
Para que el amor de los creyentes supere toda división y discordia.
“Para que también ustedes estén en comunión con nosotros” (1Jn 1, 3).

La manifestación de Dios es visible, auditiva y tangible. Esta se vuelve nuestra misma vida. La Milicia de la Inmaculada, como asociación católica, es visible también en las obras de los milicianos que, también discretamente, son signos en diversos ambientes; en diversas realidades, la M.I. viene escuchada también a través de sus emisoras de radio; y, también por medio de pequeñas imprentas y la distribución de la medalla milagrosa, el carisma es escuchado por miles de personas. Esta dinámica que San Juan narra en su carta, lo que ha visto y tocado, es el contenido del anuncio. Transmitir la revelación de Dios no es como hacer propaganda, sino que es una experiencia de vida, participación de la vida divina. Compartir la vida con el Padre y con el Hijo, como dice San Juan, es vivir en comunión, es abrir la vida a una dimensión trascendente e integrante. En nuestro mundo existen muchas conexiones virtuales y en algunos momentos hace falta la comunión real, la vida compartida con Dios y con los hermanos. San Maximiliano María Kolbe es capaz de concebir una fraternidad universal por el hecho de ser creados y redimidos por Dios. Nuestro respiro lleva consigo esta dinámica de comunión y unidad con el Creador que muchas veces el pecado rompe y sacude. “Ante Dios todos somos iguales, porque todos somos obra de sus manos, todos somos redimidos por la sangre del Hombre-Dios, todos tenemos este Dios como fin último, todos vivimos solamente para darle muestra de nuestra fidelidad y así meritar de poseerlo eternamente después de la muerte” (Escritos de San Maximiliano 1026). San Maximiliano ha sido fiel a la Iglesia y ha manifestado con claridad su obediencia de hijo a la Orden Franciscana reconociendo el valor sobrenatural de esta comunión. En el apostolado, entendía que la consagración a la Inmaculada era el común elemento de todos aquellos que trabajan con ardor en las más diversas actividades en la Ciudad de la Inmaculada y de los milicianos que en sus propios ambientes se dedican a la evangelización y a la santificación personal. María ha vivido profundamente la comunión con la Trinidad, como lo vemos al contemplar la Anunciación. Per María ha vivido fuertes lazos de comunión con su Hijo y con José. Huyeron juntos, peregrinaron juntos muchas veces, acompañó a Jesús hasta su último respiro. Por esto María ha sido un signo de esperanza y ha dado firmeza a los apóstoles en la Iglesia naciente. El Papa Francisco, en la Exhortación Apostólica Gaudete et Exultate, pone en alerta sobre el hecho de que, si descuidamos la vida de comunión y nos dejamos guiar por el individualismo, corremos riesgos. “El bombardeo que nos seduce es tal que, si estamos demasiados solos, fácilmente perdemos el sentido de la realidad, la claridad interior, y sucumbimos” (140), dice el Pontífice. Hagamos nuestro el camino de fe en la M.I. bajo el estandarte de la Inmaculada y pidámosle que nos conserve en comunión. Gran parte del apostolado de los milicianos se realiza en manera individual, a veces en el silencio de casa. Está también el trabajo de evangelización en pequeños grupos y en grandes sedes. La misma estructura de la asociación, pensada por Padre Kolbe, es de interacción y de comunión. Existe, sin embargo, el riesgo de un compromiso de fe sólo en ámbito personal y de una aislada experiencia del carisma. En el 1968, cuando el continente Latinoamericano aplicaba el Concilio Vaticano II, los obispos indicaron en la Conferencia de Medellín que uno de los posibles caminos era la pastoral de conjunto. Este pensamiento coincide con la capacidad d Kolbe de apostolado organizado para la M.I. Estas ideas no son de una estructura burocrática, sino formas para poner en práctica la dinámica de comunión de la Iglesia. El Documento de Medellín indica que toda la acción eclesial está “destinada a llevar a todo el hombre y todos los hombres, hacia la plena comunión de vida con Dios en la comunión visible de la Iglesia, y debe ser necesariamente global, orgánica y articulada”. Que en nuestro mundo marcado por la cultura de lo instantáneo y de las veloces conexiones de internet, podamos dar testimonio de la solidez de nuestra vida de comunión y establecer una conexión significativa con los que están cerca de nosotros. Y que nuestro servicio esté organizado de tal manera que genere comunión.

AGOSTO
Para que el martirio y la donación de San Maximiliano donen fuerza y luz a las Iglesias perseguidas.
“Alégrense y regocíjense” (Mt 5, 12).

En la conclusión de las Bienaventuranzas, Mateo recuerda las persecuciones sufridas por los cristianos. También San Maximiliano Kolbe fue perseguido, pero no se rindió. Él ha dado su vida por el ideal que lo impulsaba durante la Segunda Guerra Mundial; la Milicia de la Inmaculada en Polonia fue perseguida por regímenes totalitarios, pero no se rindió. En diversas situaciones más, en modo heroico, también frailes y milicianos han dado impulso a la M.I. superando obstáculos y persecuciones. En este histórico momento de desafíos, muchos grupos viven dificultades y sienten el desafío de renovarse. No deseamos sucumbir, rendirnos, y por esto luchamos con vigor por la causa de la Inmaculada. En la última carta de Padre Kolbe a su mamá, percibimos que tenía ante él la inminente posibilidad del fin de su vida. “Mi amada mamá, a fines del mes de mayo he llegado con un convoy ferroviario al campo de Auschwitz (O?wi?cim). Acá va todo bien. Amada mamá, debes estar tranquila por mí y por mi salud, porque el buen Dios está en todo lugar y con grande amor se ocupa de todos y de todo. Estaría bien que no me escribieras antes de que yo te mande otra carta, porque no sé por cuánto tiempo permaneceré aquí” (Escritos de San Maximiliano 961). Como Kolbe, también hoy muchas personas se intercambian mensajes teniendo un futuro incierto ante situaciones políticas, de conflictos, persecuciones y migraciones. Padre Kolbe ha dado su vida en este contexto y también nosotros, milicianos de la Inmaculada, estamos llamados a dar testimonio de nuestra fe y a dar vida a tantas personas que pasan dificultades en medio del actual escenario fragmentado por los conflictos. Además de esta situación, el Papa Francisco recuerda que “las persecuciones no son una realidad del pasado porque también hoy las sufrimos, ya sea en modo cruel -como tantos mártires contemporáneos- como en un modo más sutil, a través de calumnias y falsedades” (Gaudete et Exultate 94). San Maximiliano ha elegido la antífona mariana “Todas las herejías serán vencidas por la Inmaculada” consciente de su poder para combatir los errores de la fe, las mentiras y las falsedades. Hoy, recurramos a María para superar las calumnias que buscan causar división y sufrimiento en la Iglesia y en la sociedad. Ser católico significa formar parte de una comunidad perseguida, pero que también confía en Jesús, su buen Pastor, y en la Inmaculada, nuestro puerto seguro. Oremos por las comunidades cristianas que son perseguidas en los lugares de conflictos y guerras; por los fieles que temen a los grupos extremistas; por los cristianos que son obligados a migrar a causa de presiones e inestabilidad política en los países. Que podamos expresar gestos concretos de solidaridad para que, con los perseguidos de nuestro mundo, podamos alegrarnos y regocijarnos esperando el abundante premio de Dios.

SEPTIEMBRE
Para que la Iglesia sea luz para la humanidad que vaga en las tinieblas.
“Luz para alumbrar a las naciones” (Lc 2, 32).

Simeón ha visto en el niño Jesús la gran Luz. Este hombre anciano, como tantos milicianos, estaba disponible para Dios porque su vida era alimentada de esperanza. Muchas profecías y promesas nutren la esperanza de los personajes bíblicos y también la nuestra. En nuestra sociedad existe una cierta esperanza, la expectativa de que los conflictos entre las naciones disminuyan, que aumenten los niveles de la educación y la salud, que las epidemias desaparezcan y que la naturaleza sea preservada. Algunas de estas expectativas se vuelven cada vez más lejanas, día tras día, y nos dejan frustrados. Lo que mueve nuestra esperanza cristiana y que la vuelve concreta es la acción del Espíritu Santo, que cumple las profecías y su promesa personal sobre cada persona. Incluso si llegan a surgir desilusiones en nuestros horizontes, mantenemos en alto nuestra cabeza, hacia donde el Espíritu Santo nos indica. Simeón, alimentado por la esperanza que no defrauda, encontró la Luz que es Jesús. Nosotros, encontrándonos con esta Luz no podemos quedárnosla o esconderla por envida hacia quienes se verán beneficiados de su claridad. ¡Jesús es la Luz de las naciones! El Papa Francisco nos recuerda que la Iglesia, en este momento particular, necesita de laicos que sean sal de la tierra y luz del mundo, no una luz cualquiera, sino la que es reflejo de la luz de Jesús. El Pontífice advierte que “las personas tienen imperiosa necesidad de preservar sus espacios de autonomía, como si la evangelización fuera un peligroso veneno en lugar de una respuesta al amor de Dios que nos llama a la misión y nos vuelve plenos y fecundos. Algunos se resisten a probar en profundidad el gusto por la misión, permaneciendo así envueltos en una desidia e indolencia paralizantes (Evangelii Gaudium 81). Debemos ejercitarnos en nuestro grupo para hacer que nuestra acción evangelizadora no corra este riesgo, para que no se paralice, no se estanque ni retroceda. “Mi mirada se encuentra atraída constantemente por nuevos horizontes”, nos recuerda nuestro fundador profundamente inspirado por el Espíritu Santo, el cual le mostraba siempre aquello que estaba más allá de lo que él lograba ver. Tenemos una clarísima luz para reflexionar. En un mundo con tantos rincones oscuros y confusas situaciones, necesitamos ser portadores de luz para cada corazón. San Maximiliano María Kolbe, conociendo los efectos del relativismo moderno, se acuerda de las personas que buscan algo sin encontrar nada: “Son infelices, descontentos, porque consideran como fin último aquello que solamente es un medio y, por ello, después de haber alcanzado la felicidad a la que aspiraban, no encuentran lo que buscan. Y continúan buscando con un corazón desilusionado, con la amargura en el alma” (Escritos de San Maximiliano 1237). Y, con visión misionera y misericordiosa, añade: “¿Y cómo no tender la mano a todos ellos? ¿Cómo no ayudarles a pacificar sus corazones, a levantar sus mentes más allá de todo lo que pasa, hacia el único fin último que es Dios? El amor al prójimo empuja a esas almas que han ya encontrado el verdadero ideal de vida a no olvidarse de los hermanos que los rodean”. La Milicia de la Inmaculada es un ejército, es un apostolado organizado, es una asociación, pero no sólo esto. Es la Iglesia, portadora de Luz para todas las naciones. La Milicia es de la Inmaculada, de la mamá que Jesús nos ha dado a todos. Es algo positivo que reafirmemos nuestro compromiso de ser madre para todos los hombres, como lo afirma el Documento de Puebla: “También la Iglesia quiere ser madre de todos los hombres, no a expensas de su amor a Cristo, alejándose de Él o haciéndolo a un lado, sino precisamente por su comunión íntima y total con Él” (294). Que podamos nutrir nuestra esperanza, con María, en el silencio, en la contemplación y en la adoración, que dan origen a una respuesta más generosa en la misión, en la evangelización más fecunda de los pueblos.

OCTUBRE
Para que la Iglesia renueve y refuerce su impulso misionero.
“Para que tengan vida” (Jn 10, 10).

Jesús es el Buen Pastor, cuida de nosotros y es nuestro modelo para que también nosotros cuidemos unos de otros. La vida que Jesús nos ofrece es la plenitud, una participación en la vida divina. Jesús nos da su gracia para completar nuestros esfuerzos y así llegar a vivir lo que por nuestros solos esfuerzos no podemos alcanzar, es decir, la contemplación plena de Dios. En nuestra sociedad, la vida plena se parece más al bienestar. Publicidad de medicinas, de colchones, de artefactos y otras cosas son vinculadas a imágenes de personas felices. Pero, mirando la realidad, vemos personas fragmentadas que necesitan de medicinas y artefactos para mejorar la vida que no está bien. La plenitud de vida que Jesús nos da es una prefiguración de la vida eterna en el hoy de nuestros días, del interior al exterior, es una experiencia anticipada en el “ya” de lo que es el futuro con Dios en la eternidad. San Maximiliano Kolbe, con su amplia visión, veía en los medios de comunicación, que servían también para el entretenimiento y la publicidad, una vía y un espacio donde hacer entrar el mensaje cristiano que pueda conducir a la plenitud al hombre y la mujer. Padre Kolbe deseaba que “la Inmaculada operase con todos los medios, incluidos los más modernos, porque los inventos deberían estar en primer lugar al servicio de Ella y después a servicio del comercio, la industria, el deporte, etc. Por eso la imprenta y también las transmisiones de radio, las películas y en general todo aquello que en cualquier momento se pueda inventar debe servir para iluminar las mentes y para inflamar los corazones (Escritos de San Maximiliano 382). En sintonía con la audaz intuición de Kolbe, el Papa Francisco dice que “hoy, cuando las redes y los instrumentos de comunicación humana han alcanzado un desarrollo inaudito ya, sentimos el reto de descubrir y transmitir la ‘mística’ del vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos del brazo, de apoyarnos, de participar en esta marea un poco caótica que puede transformarse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana solidaria, en un santo peregrinar” (Evangelii Gaudium 87). Nuestra consagración a la Inmaculada no es un candado que nos cierra al mundo, al contrario, es una apertura. Nuestro apostolado, que muchas veces se realiza también a través de los medios de comunicación, no puede limitarse a aquellos que frecuentan la Iglesia, sino que debe ser un gran canal de diálogo con el mundo. En diversas situaciones estamos llamados a dialogar también en medio de ambientes y situaciones donde falta la apertura a la vida plena. Los debates en contra de la vida y su dignidad aumentan cada vez más y por eso no podemos permanecer en silencio. “El Reino de la vida que Cristo ha venido a traernos es incompatible con estas situaciones inhumanas. Si pretendemos cerrar los ojos ante estas realidades, no somos defensores de la vida del Reino y nos situamos en un camino de muerte” (Documento de Aparecida 358). Que la Virgen nos ayuda a acoger la vida plena que Jesús nos da. Que Ella, con su fuerza de mujer, nos ayude en la defensa de la vida y en las iniciativas de acogida de las personas desde su concepción, en su juventud, en los desafíos familiares y hasta la muerte natural. Y que, en el apostolado con los medios de comunicación, podamos hablar de la Inmaculada, de la mujer que vence al dragón en la figura del libro del Apocalipsis, en la mujer que ha defendido la vida de su hijo de los tiranos y en la mujer que por su valor inserta en nosotros la dinámica de la vida divina.

NOVIEMBRE
Para que la Inmaculada sea modelo de escucha y caridad para todos los creyentes.
“Mi alma glorifica al Señor” (Lc 1, 46).

María, modelo del cristiano. Si fuéramos como ladrillos en la construcción del Reino de Dios, ciertamente María sería el molde sobre el cual seríamos conformados. En el canto del Magnificat (Lc 1, 46-56) María alaba a Dios por intervenir en su vida y por el beneficio/favor que le ha concedido al ser la Madre de Jesús. Nosotros, con María, agradecemos a Dios que ha puesto en nuestro camino a la Milicia de la Inmaculada. No ha sido una simple coincidencia el adherirnos al carisma de esta asociación, detrás esta la obra de Dios que en alguna manera nos conduce. María se presenta como humilde sierva en su canto que Lucas nos transmite, se llama a sí misma sierva. También nosotros estamos llamados a servirla con humildad. San Maximiliano Kolbe ha escrito con palabras y expresiones ya utilizadas en su tiempo, para reflejar la realidad de la consagración, y decía que “las expresiones ‘siervo de María’, ‘siervo de la Inmaculada’ podrían llegar a sugerir la idea de una recompensa, en vistas de la cual el siervo labora. Incluso la expresión 'hijo de María' recuerda algunas de las obligaciones legales de la madre para con su hijo. Ni siquiera la expresión ‘esclavo de amor’ les va bien a todos porque, no obstante la aclaración de que se trata de un esclavo ‘de amor’, es difícil aún extirpar el pensamiento de que el esclavo permanece en su servicio contra su propia voluntad. He aquí el por qué otros más prefieren la expresión ‘cosa y propiedad’. Evidentemente, todas estas denominaciones y todas las demás posibles, en el fondo indican una misma e idéntica realidad, y todos los que las utilizan desean donarse a la Madre de Dios en manera total” (Escritos de San Maximiliano 1329). Kolbe quiere remarcar la humildad presente en la expresión “cosa y propiedad” y no pretende provocar polémicas. Él desea mostrar que la consagración a la Inmaculada posee un carácter de anonadamiento de sí mismo, de renuncia o desapego de los títulos y las formalidades. Como evidencia Padre Kolbe en una oración a María: “Que en Tus inmaculadas y misericordiosísimas manos yo sea un instrumento útil para introducir e incrementar tu gloria, lo más fuertemente posible, en tantas almas perdidas e indiferentes, y para difundir, en tal modo, lo más posible, el Reino bendito del Santísimo Corazón de Jesús”. María, en el Magnificat, reconoce los honores que recibirá de las generaciones, pero no se pone por encima de Israel o Abraham, mencionados en los versículos 54 y 55. Ella se inserta en el camino recorrido por los padres de la fe. También nosotros, milicianos, insertémonos en este combate por la evangelización añadiendo a nuestras fatigas las de todos aquellos que nos han precedido. En la historia de cada grupo existe un esfuerzo realizado e incluso gestos heroicos de frailes y laicos que se han dedicad a la Milicia de la Inmaculada. El Papa Francisco recuerda en la Evangelii Gaudium que “existe un estilo/modo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María, volvemos a creer en la fuerza revolucionaria de la ternura y del afecto. En Ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles, sino de los fuertes, que no tienen necesidad de maltratar a los demás para sentirse importantes” (288). El Papa agrega aún que “esta dinámica de justicia y ternura, de contemplación y camino hacia los demás, es lo que hace de Ella un modelo eclesial para la evangelización”. Que podamos permitir a María formarnos, en el sentido de tomar su forma, de actuar como Ella. La Conferencia de Aparecida, realizada en el 2007, subraya que “su figura de mujer libre y fuerte, emerge del Evangelio conscientemente orientada a un verdadero seguimiento de Cristo. Ella ha vivido por entero la peregrinación de la fe como Madre de Cristo y después de los discípulos, sin haberle sido ahorrada la incomprensión y la constante búsqueda del proyecto del Padre” (267). Que María nos ayude en nuestra peregrinación de fe, para que podamos ser humildes y sepamos reconocer el camino, siendo Ella nuestra guía.

DICIEMBRE
Para que la reflexión sobre la Navidad renueve el corazón de cada uno de los fieles.
“Una grande alegría” (Lc 2, 10).

San Lucas narra el nacimiento de Jesús conjugando la simplicidad de la gruta con la grandeza del evento. La encarnación de Jesús avanza en la historia y se vuelve contemporánea de esa y de todas las generaciones. Los ángeles cantan: “Gloria Dios en lo más alto de los cielos y paz en la tierra a los hombres que Él ama” (Lc 2, 14). Cielo y tierra, Dios y los hombres, gloria y paz, todo unido en un solo versículo. En un mundo marcado por tantos conflictos, por guerras bélicas, fiscales, económicas, de intereses e identidad, tenemos la misión de testimoniar la gloria de Dios construyendo la paz en nuestras relaciones. Los ángeles indican la universalidad de esta paz que se extiende a todos los hombres porque son amados por Dios y beneficiados por su gratuidad, que no hace distinción entre personas. La paz es universal porque es participación en el amor de Dios. Las personas deben luchar por la paz y las instituciones garantizarla, pero ella es siempre un regalo del amor de Dios. Algunos años antes que Jesús naciera, el Emperador romano Augusto había mandado construir un monumento dedicado a la paz. El lema de su imperio era “paz en la tierra”. Ciertamente, una visión de ausencia de conflictos y de dominio. Lucas presenta, en contrapeso, esta figura de imperio, Jesús como el regalo de Dios para la paz. Y el monumento de la verdadera paz en la tierra no es una estatua y tampoco se encuentra en los palacios: es un pequeño niño nacido en sencillez. Lucas repite en los versículos 7, 12 y 17 del capítulo segundo que era un neonato, un pequeño niño. Remarca la pequeñez de Jesús que María tenía en brazos y que José había envuelto en pañales. San Maximiliano Kolbe, en su oración contemplativa, propone: “¿Qué pensaste, o Inmaculada, cuando por primera vez pusiste al Bebé Divino sobre ese poco de heno? ¿Cuáles sentimientos inundaban Tu corazón mientras Lo envolvías en pañales, Lo estrechabas a tu corazón y Lo amamantabas con Tu seno? Helo ahora delante de ti, en la forma de un neonato débil. Cuántos sentimientos de humildad, de amor y de reconocimiento debieron haber llenado en aquel momento Tu corazón… mientras admirabas la humildad, el amor y el reconocimiento que el Dios encarnado tenía contigo” (Escritos de San Maximiliano 1236). Celebrar la Navidad no es sólo hacer memoria de aquel nacimiento, sino permitir que éste se renueve una vez más y siempre en nosotros. El nacimiento es una forma artística de mostrar que nos encontramos inmersos en este misterio, que está presente en nuestras casas y comunidades u que debemos también nosotros “entrar en escena”. ¿Qué pensamos al mirar al pequeño Jesús? ¿Cuáles son los sentimientos de la Inmaculada y los nuestros en esta luminosa noche? ¿Cómo podemos mantener vivos estos sentimientos en nuestro corazón? En la renovación de nuestro corazón en Navidad debemos renovar también nuestro compromiso por la evangelización. La evangelización no es un tema del pasado, de cambio de siglo: hoy se vuelve propuesta concreta para nosotros. En Navidad debemos recibir en brazos al Niño Jesús, con los mismos sentimientos de la Inmaculada, y confirmar el compromiso de anunciar la Buena Noticia en el mundo. Pensar en una nueva Evangelización no quiere decir que la primera, hace más de 500 años en América Latina, hace más de mil en Polonia y casi dos mil años en el corazón de Europa, haya sido en vano o que se haya echado a perder. Se trata de responder con fe cristiana a los nuevos llamados y desafíos. El Documento de la Conferencia de Santo Domingo, de los años ’90s, ha definido así este renovado compromiso, con palabras del Papa Juan Pablo II: “La Nueva Evangelización tiene como finalidad formar personas y comunidades maduras en la fa y dar respuesta a la nueva situación que vivimos, provocada por los cambios sociales y culturales de la modernidad. Se debe tener en cuenta la urbanización, la pobreza y la marginación. Nuestra situación está marcada por el materialismo, la cultura de la muerte, la invasión de las sectas y propuestas religiosas de diverso origen. Esta nueva situación trae consigo nuevos valores, el deseo de solidaridad, de justicia, la búsqueda religiosa y la superación de ideologías totalitarias” (26). El Documento de Aparecida, 15 años más tarde, refuerza y estimula esta renovación por medio de “diversos métodos de nueva evangelización que se transforman en comunidad de comunidades evangelizadas y misioneras” (99). San Maximiliano Kolbe ha sido un santo que ha ido más allá de su tiempo, a través de la intuición mística. Sus enseñanzas fructifican hoy en diferentes rincones de la tierra. Los milicianos, por la naturaleza de la asociación mariana, están llamados a una renovación constante, a una creatividad efectiva y a arriesgarse a la novedad. San Maximiliano ha visto que todo en su tiempo era difícil, que la religión era perseguida, que la evangelización a través de los medios de comunicación era difícil, que una nueva forma de vida religiosa era un desafío. Él ha rezado y la Inmaculada le ha mostrado lo que todo esto significaba. Que el futuro estaba llegando y que como centinelas de la aurora los consagrados a la Inmaculada tenían una misión hasta los confines del mundo, con un espíritu abierto a todos los medios posibles.
Comentarios de p. Gilson Miguel Nunes, Asistente nacional M.I. Brasil.






Intenciones M.I. 2018

El camino de la M.I.: evangelización en comunión.


ENERO
Para que en todo el mundo la M.I. sea signo de unidad y de fraternidad.

FEBRERO
Para que el ejemplo de San Maximiliano ayude a la M. I y a cada creyente a buscar siempre más nuevos caminos de evangelización.

MARZO
Para que la M.I. actúe como una única familia en la cual reinen el amor y la alegría.

ABRIL
Para que el espíritu misionero de la M.I. tenga una base sólida de comunión.

MAYO
Para que el ejemplo de María ayude a cada cristiano en el seguimiento del Señor y en la evangelización.

JUNIO
Para que en cada ambiente y en cada nación, la M.I. sepa expresar la propia vocación misionera.

JULIO
Para quien se inspire en San Maximiliano: “siembre” en todo lugar el “amor creativo” que él ha donado.

AGOSTO
Para que animados del ejemplo de San Maximiliano reine en cada corazón el deseo de dar todo por Cristo.

SEPTIEMBRE
Para que, con la creatividad de Kolbe, transmitamos la fuerza del Evangelio en todo lugar.

OCTUBRE
Para que la oración sea fuente de unidad y de misión en la M.I, y en toda la Iglesia.

NOVIEMBRE
Para que la vida de la M.I. sea un continuo llamado a la santidad para cada hombre.

DICIEMBRE
Para que la M.I. sepa transmitir en todo lugar la belleza y la importancia de la maternidad de María hacia cada hombre.





Intenciones M.I. 2017

Cien años de historia y de misión.


ENERO
Para que la MI sea en el mundo signo de paz y alegría para todos los pueblos.

FEBRERO
Para que cada miembro de la MI exprese el entusiasmo de su pertenencia a la Inmaculada.

MARZO
Para que la MI trabaje incansablemente en la edificación del Reino.

ABRIL
Para que todos los que se inspiran al testimonio de San Maximiano Kolbe sepan asumir la lógica del Misterio Pascual.

MAYO
Para que la MI sepa orientar su camino de seguimiento de Cristo, según el ejemplo de María Inmaculada.

JUNIO
Para que, según el ejemplo de San Maximiliano Kolbe, la MI se deje conducir por el Espírtu Santo.

JULIO
Para que la MI se torne lugar de cuantos buscan el amor de Cristo y la ternura de María.

AGOSTO
Para que cada miembro de la MI sepa testimoniar el amor de Cristo, con la fidelidad de San Maximiliano.

SEPTIEMBRE
Para que la MI transmita a los hombres lo precioso que es la presencia de María en la vida de cada uno.

OCTUBRE
Para que la MI sepa ser fiel al espíritu misionero que inspiró su fundación.

NOVIEMBRE
Para que el camino de la MI sea una auténtica escuela de santidad.

DICIEMBRE
Para que la MI experimente la alegría de la adhesión al Proyecto de Dios.





Intenciones M.I. 2016


ENERO
Llevemos a todos la paz, el perdón y la comprensión con un corazón colmado de misericordia.

FEBRERO
Los que sufren en el cuerpo y en el espíritu sean consolados con la certeza del amor misericordioso de Dios.

MARZO
La conciencia de la misericordia de Dios nos haga disponibles a abrirnos al don generoso de nosotros mismos.

ABRIL
Nuestra vida sea un continuo testimonio de la resurrección y de la misericordia divina.

MAYO
Libres de todo prejuicio, acojamos a los hermanos en su diversidad.

JUNIO
Contemplando el amor misericordioso de Cristo, abramos nuestro corazón a las necesidades de los hermanos.

JULIO
El rencor y la rabia no apaguen nuestra capacidad de amar.

AGOSTO
El martirio de San Maximiliano nos exhorte a ser signos de la misericordia de Dios hacia los hermanos que viven en la desesperación.

SEPTIEMBRE
Cuantos son esclavos del pecado encuentren en la misericordia de Dios la sanación interior.

OCTUBRE
Nuestra misericordia se inspire en la de la Inmaculada a los pies de la Cruz.

NOVIEMBRE
También en los momentos de oscuridad y de incertidumbre sepamos invocar el amor misericordioso de Dios.

DICIEMBRE
La encarnación y la natividad de Cristo sean motivos de reflexión sobre la misericordia de Dios por la humanidad.

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