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"Maltratado
y humillado, ni siquiera abrió su boca; como cordero, fue llevado
al matadero; como oveja, enmudeció ante su trasquilador; y ni
siquiera abrió su boca." (Is 53,7).
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Queridos Hermanos,
con gran alegría os anuncio que el próximo 11 de marzo de
2001, domingo, tendrá lugar la Beatificación de seis Hermanos nuestros de la
Provincia de España: Alfonso López, Miguel Remón,
Modesto Vegas, Dionisio Vicente, Francisco Remón y Pedro Rivera. Forman
parte de un grupo de Mártires que dieron su vida durante la guerra civil
española.
Seis Mártires llenos de esperanza
y de trascendencia en una sociedad española que no es fácil de definir, pero
que podemos, en cierto modo fotografiar con los siguientes rasgos: "la
incultura del pueblo, la malograda evangelización de la sociedad, el
anticlericalismo y la antirreligiosidad". El clima socio-político de la
España del primer tercio del siglo veinte, en el que vivieron nuestros
Mártires, manifiesta su deterioro a través de momentos dramáticos y
calamitosos como la Semana Trágica de Barcelona,
en la que el convento de Granollers es destruido,
las revueltas sociales de 1917, la revolución de Asturias de 1934, y la guerra
civil (1936-1939), que como tragedia en tres largos actos de un año cada uno,
se baja el telón con mucho derramamiento de sangre en la escena, con
desolación y destrucción por todas las partes, y un hervidero de odios. Aunque
la situación iba empeorando en los primeros meses de 1936, el guardián, Pedro
Rivera, escribía al Ministro general, Beda Hess, en el mes de junio:
"Aquí en Granollers, gracias a Dios, nuestras cosas
marchan bien: once jóvenes han terminado felizmente el curso".
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En este mismo tiempo,
la imagen de Iglesia que se difundía en la sociedad era de rica y poderosa, a
pesar del "esfuerzo denodado de muchos sacerdotes y religiosos que
dedicaron su vida entera a los humildes, naufragó en la ola de incomprensiones
y rencores...". En Granollers, como se lee en algunas cartas: "por
ahora, hay tranquilidad... El trabajo no nos falta, porque además del trabajo
de los Probandos, las clases externas y el servicio de nuestra iglesia, llevamos
también el servicio del Hospital de la ciudad, además somos llamados con
frecuencia a las parroquias limítrofes para oir confesiones y ahora también
para predicar". "Los religiosos son muy estimados por los párrocos de
alrededor, por los servicios que prestan".
La
Orden, después
de tres siglos y medio de ausencia de España, impuesta y obligada, acababa de
restaurarse, en 1904. Hasta la fecha de la gran revuelta, los Franciscanos
Conventuales sólo estaban presentes en Granollers, aunque se habían intentado
otras fundaciones. La esperanza de robustecerse y extenderse por la geografía
española se apoyaba en la animación vocacional, que iba tomando consistencia,
y en la formación en el seminario. Hasta ese momento, otras Provincias de la
Orden, en particular, las de Cerdeña y Las Marcas, estaban colaborando, desde
diversos aspectos, en las tareas de crecimiento de la naciente Provincia
española. Los sueños de un nuevo florecer de la Orden se vieron perturbados y
paralizados por un despertar de enfrentamientos y de armas de una parte del
pueblo contra otra, el martirio de seis Hermanos -entre finales de julio y
primeros días de septiembre de 1936-, la prisión y dispersión del resto de la
Fraternidad, la quema del convento...
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Durante la guerra civil, religiosos,
sacerdotes y católicos comprometidos viven situaciones difíciles y
circunstancias de una Iglesia catacumbal, sólo por su único crimen de "ser
religiosos" o "católicos". Con todo, los tres primeros meses de
la guerra fueron el período de máxima persecución religiosa. El cardenal
Tarancón describe así los primeros meses de la guerra: "...la
matanza sacerdotal se realizó... en los últimos días de julio del 36, en que
murieron unos 70 sacerdotes diarios. El día de Santiago se batió el record y
murieron 95. Este ritmo se mantuvo a lo largo de todo agosto...".
Este es el espacio en que nuestros Hermanos Conventuales son buscados,
condenados y muertos.
El motivo de su
condena, en
juicios sumarísimos, era por ser religiosos: "declaramos que estos tres
frailes -Alfonso, Miguel y Buenaventura Remón, éste sobrevivió al
fusilamiento- son reos de muerte y que sus cabezas van a volar ahora mismo por
los aires". Fr. Buenaventura, acabada la guerra, llamado a declarar ante el
tribunal, perdona a su asesino y al de sus compañeros con estas palabras:
"¡No lo conozco; era de noche. Te perdono igualmente!".
Alfonso,
Miguel, Modesto, Dionisio y Francisco mueren fusilados en el territorio
de Granollers y lugares vecinos, entre el 31 de julio y el 5 de agosto, y son
sepultados en fosas comunes que han impedido llevar a cabo el reconocimiento de
sus cuerpos. Pedro Rivera, de quien no nos ha
llegado el certificado de defunción, hay quienes afirman que fue fusilado en
los alrededores de Barcelona a finales de agosto o en los primeros días de
septiembre, mientras que otros opinan que fue pasto de una piara de cerdos en la
"checa" de San Elías, ubicada en el convento del mismo nombre.
Hoy nos alegramos del camino
andado por la Provincia de España y por el momento feliz que ella, y con ella
toda la Orden, celebra y festeja: la Beatificación de nuestros Mártires, de
quienes añadimos unos breves rasgos biográficos:
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La sangre de nuestros Mártires ha fecundado las tierras de
España y ha otorgado frutos fecundos. Restaurada la paz en 1939, los Hermanos
dispersos se reúnen de nuevo en Granollers. Todavía con las cicatrices frescas
del dolor sufrido, esperanzados en el Dios que salva y restaura, confiados en el
mundo nuevo que nace de la sangre del Cordero (cfr. Ap. 5,9-10) y de los que
lavan en ella sus vestidos (cfr. Ap. 7,14), y ayudados por algunos hermanos de
la "Cruzada Misionera", enviados por el Ministro general Beda Hess, se
comienzan a vivir años de crecimiento y expansión. Surgen vocaciones que, como
nueva linfa, van a permitir la erección de conventos en los cuatro puntos
cardinales de España, y abrir una presencia de la Orden en Colombia, la
Custodia San Francisco de Asís.
La memoria de estos seis Hermanos Menores Conventuales
"que siguieron al Señor en la tribulación y la
persecución" (Adm. 6,2), continúen intercediendo, como lo han
hecho hasta el presente, por la Orden y la Provincia de Nuestra Señora de
Montserrat de España.
Alargando a todos vostros la bendición de San Francisco,
se despide atentamente
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fr. Agostino Gardin
Ministro general
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