Carta a los Asistentes y Presidentes nacionales 
de la Milicia de la Inmaculada
En el año 2004 se cumple el 150º aniversario del dogma de la Inmaculada,
proclamado solemnemente por el beato Pío IX el día 8 de diciembre de 1854.
Dicha conmemoración va más allá de la comunidad eclesial, y constituye un
motivo especial de alegría y una ocasión para comprometerse sobre todo para la
Orden franciscana, para los miembros de la Milicia de la Inmaculada y los
institutos de inspiración kolbiana. Remitiéndonos a los valores de nuestra
herencia familiar, podemos afirmar -sin triunfalismo, apelando sólo a nuestra
responsabilidad- que ese dogma nos pertenece de un modo singular. Nos lleva a
las raíces marianas de la experiencia de Francisco de Asís, al pensamiento
enormemente rico de la escuela franciscana y, más cerca en el tiempo, a la gran
lección de San Maximiliano. Será el P. Kolbe quien, desarrollando las
conclusiones de nuestros teólogos, pasará del pensamiento a la acción, de la
verdad creída a la verdad vivida, haciendo de la Inmaculada su ideal de vida,
su horizonte teológico, su pasión apostólica, su martirio, y ofreciendo a la
Orden y a la Iglesia el proyecto de la M.I. como "visión global de la vida
cristiana con una forma nueva, que consiste en la vinculación con la Inmaculada,
nuestra Mediadora universal ante Jesús" (SK 1220, p. 2129).
A la luz de ese testimonio de doctrina y de acción, hemos de saber
- conmemorar el acontecimiento,
- celebrar el misterio,
- asimilar la verdad del mismo.
Éste es el punto central: asimilar la verdad. Es relativamente fácil organizar
conmemoraciones y preparar celebraciones, pero ya no es tan fácil acometer ese
proceso activo y esforzado de estudio, profundización, asimilación interior,
hasta armonizar con coherencia mente, corazón y acción en una espiritualidad
más elevada y un servicio pastoral y social más generoso y eficaz. La escuela
franciscana contribuyó de modo decisivo a la definición del dogma de la
inmaculada concepción de María, y San Maximiliano consideraba este hecho como
un "proyecto", como la "primera página que introduce nuestra
historia. Ahora hay que pasar a la página siguiente, al contenido mismo
-escribe-, a las luchas para conducir a las almas hasta la Inmaculada" (SK
991 S, p. 1733). Nosotros vivimos, pues, en el momento de la realización, en el
tiempo de la segunda página de nuestra tarea histórica. "El proyecto,
insiste, es la preparación necesaria para construir la casa" (SK 486, p.
990). Poner en práctica el proyecto significa "sembrar esta verdad en el
corazón de todos los que viven y vivirán hasta el fin de los tiempos, y
cultivar el desarrollo y los frutos de santificación. Introducir la Inmaculada
en el corazón de las personas, para que Ella eleve ahí el trono de su Hijo,
las guíe al conocimiento de Él e inflame los corazones de amor a su Sagrado
Corazón" (ivi). Se trata de una visión apostólica de gran amplitud de
miras, un compromiso radical que no admite recortes.
¿Cómo resulta factible todo esto hoy, en un contexto complejo y difícil para
los países de los distintos continentes? Es difícil también para los pueblos
de Europa, los cuales han sabido crear su unión monetaria y económica, pero no
consiguen, en cambio, reconocer en su carta constitucional la realidad cristiana
de sus orígenes, de por sí un valor histórico-cultural objetivo, más allá
de cualquier oposición ideológica.
Precisamente en nombre del P. Kolbe e inspirándose en su ejemplo, los miembros
de la Milicia de la Inmaculada están llamados a obrar con creatividad y unidad,
a aplicar talento y energías, conjugando con sabiduría el magisterio de la
Iglesia, la inspiración kolbiana y las necesidades del entorno. Es verdad que
el destino de la sociedad no está en nuestras manos, pero no podemos eludir la
responsabilidad personal y colectiva de un despertar espiritual y un compromiso
social como signo de un solícito testimonio evangélico. El P. Kolbe escribía:
"Se acerca nuestra fiesta, la fiesta de la Inmaculada [de 1937]. El fervor
más ardiente, con el tiempo, puede enfriarse. A veces, las preocupaciones y los
problemas cotidianos ahogan los ideales más sublimes. Incluso las realidades
más elevadas se marchitan poco a poco. De hecho, la debilidad de la limitada
naturaleza humana es tal que las sensaciones más recientes se imponen a las
más remotas, aunque estas últimas sean más importantes. Por tanto, también
nosotros, miembros de la Milicia de la Inmaculada, hemos de cuestionarnos de vez
en cuando, tenemos que reflexionar sobre nosotros mismos, interrogarnos a fondo
para saber si servimos de verdad a la causa de la Inmaculada con suficiente
solicitud, implorar ante Ella el perdón por la negligencia y la indiferencia,
pedir ayuda para el futuro, comprometernos más rigurosamente en el trabajo para
reparar con el fervor, de manera centuplicada, el tiempo transcurrido. La fiesta
de la Inmaculada es la mejor ocasión para renovar el espíritu. ¿Qué hemos de
hacer, pues?" (SK 1218, p. 2124). San Maximiliano propone, en primer lugar,
renovar la consagración, pero sin limitarnos a esto. "Se multiplicarán
las oraciones, los sacrificios. Le pediremos con insistencia que nos ilumine
para saber qué hemos de emprender y cómo hemos de obrar" (SK 1218, p.
2126).
Respetando plenamente la libertad y creatividad de todos, me atrevo a sugerir a
continuación algunas ideas y orientaciones:
1 Vivir y hacer revivir el espíritu de la consagración. ¿Cómo? Indicar
iniciativas concretas.
2 Recuperar el patrimonio de los recientes congresos internacionales: San
Maximiliano Kolbe y la nueva evangelización (Niepokalanów 1994); El rostro
actual de la M.I. (Brasilia 1998); Maximiliano Kolbe en su época y hoy.
Aproximación interdisciplinar a su persona y sus Escritos (Roma 2001). Son
textos de una gran riqueza para conocer y asimilar la base doctrinal y
teológica de la M.I. Por ejemplo, es una iniciativa bien concreta la de
Niepokalanów, que está preparando para el año 2004 la edición en polaco del
volumen Maximiliano Kolbe en su época y hoy.
3 Invito especialmente a los Asistentes nacionales a dar a conocer y poner en
práctica los Estatutos de la Asociación. El folleto de los Estatutos se puede
conseguir en nuestro Centro internacional en italiano, inglés, francés,
español, portugués y polaco.
4 Además, lanzamos aquí también la idea de una gran cita internacional en
Lourdes en septiembre de 2004. Una peregrinación, un prolongado encuentro de
oración de los diversos grupos M.I. en representación de los distintos
continentes. Será bonito reunirnos todos juntos ante la gruta de Lourdes para
elevar al Señor nuestro Magnificat de alabanza y acción de gracias, para
manifestar nuestra gratitud a la Inmaculada con el corazón de San Maximiliano.
Será un acontecimiento eclesial, incluido en los programas oficiales de las
actividades litúrgicas de los santuarios marianos de Lourdes, cuyo tema
pastoral para el año 2004 está inspirado en el Salmo 72,26: "La roca de
mi corazón es Dios". Adjunto el texto de la reflexión firmada por Mons.
Jacques Terrier, obispo de Tarbes y Lourdes, reflexión que ha sido enviada a
los responsables de peregrinaciones.
CLICK.
Es un esbozo, un esquema que, confiado a la creatividad de los
responsables, es decir, los Presidentes y Asistentes, ofrece orientaciones para
la reflexión y para un camino espiritual, de tal manera que Lourdes sea a la
vez meta y punto de partida, símbolo de un itinerario interior y práctico que,
junto con María, la Inmaculada, lleve cada día al encuentro con Cristo, Pan
eucarístico. Nuestra intención es permanecer dos o tres días en Lourdes,
entre el 3 y el 15 de septiembre de 2004. Enseguida comunicaré otros detalles
prácticos. Mientras tanto, apelo a la solicitud de los Asistentes y Presidentes,
para que respalden, animen y apoyen la iniciativa, que será organizada y
coordinada por cada Centro nacional M.I. La prudencia aconseja recurrir a una
buena agencia de viajes para buscar y contratar el alojamiento y la manutención.
"Un gran signo de esperanza -afirma Juan Pablo II en la exhortación
apostólica postsinodal Ecclesia in Europa- es el constituido por los numerosos
testigos de la fe cristiana. Ellos son como una luz para la Iglesia y la
humanidad, porque han hecho resplandecer en las tinieblas la luz de Cristo"
(n. 13).
Nosotros, obviamente, no podemos dejar de remitirnos al testimonio de San
Maximiliano.
Con viva y sincera fraternidad.