ENERO
para que la colaboración
sincera con todos los cristianos acelere el
proceso de unidad y de paz.
FEBRERO
para que el compromiso de
conversión constante nos haga testigos del
Evangelio ante los indiferentes y los alejados.
MARZO
para
que seamos capaces de discernir y hacer germinar “las semillas del
Verbo” presentes en la cultura de nuestro tiempo.
ABRIL
para
que sepamos dar testimonio de la alegría y la esperanza del Resucitado a
través de nuestra entrega cotidiana al prójimo.
MAYO
para que el Espíritu
Santo nos haga capaces de comunicar con fervor la fe en Jesús.
JUNIO
para que las familias se sientan
apoyadas por la comunidad cristiana a
la hora de vivir su vocación.
JULIO
para que los adultos sepan transmitir a los jóvenes los
valores de la vida interior, el amor a Cristo y a su Evangelio.
Agosto
para que, a ejemplo de San Maximiliano, sepamos responder a
las nuevas formas de pobreza con la “fantasía de la caridad”.
Septiembre
para que nuestras comunidades eclesiales, en virtud de su
camino de fe, sean cada vez más acogedoras para con los “no
practicantes”.
Octubre
para que sintamos el deber y el
gozo de participar en la misión de la Iglesia de
anunciar a todos los pueblos el Evangelio de Cristo, único Salvador del
hombre.
Noviembre
para que todos los cristianos sepan dar razón de su
esperanza, desde la experiencia del perdón recibido y otorgado.
Diciembre
para que la Navidad nos enseñe a descubrir en todas las
criaturas humanas la presencia del Verbo encarnado, y a devolver la
dignidad a quien la ha perdido.
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